“Detransition, Baby”: Torrey Peters supera el cliché queer

Torrey Peters está empeñada en sacar al lector de “Detransition, Baby” de su zona de confort… Y lo hace obligándole a replantearse dos temas bastante polémicos: feminidad y maternidad.

Tengo que reconocer que abrí “Detransition, Baby” (publicada en nuestro país por la editorial Levanta Fuego) con ciertas reservas. Bueno, si soy fiel a la verdad, lo que sentía no eran reservas, sino un ligero temor. Porque mis reservas habían sido tumbadas por todos los amigos que me habían recomendado esta novela de Torrey Peters y por las innumerables reseñas apasionadas que se han escrito sobre ella… Pero no podía desprenderme de cierto temor que supongo que compartimos muchas personas dentro de la comunidad LGTBIQ+ y que nos hace ser hipervigilantes a la hora de dar armas al enemigo para que las use en nuestra contra.

Me explico. La detransición es algo sobre lo que me da vértigo escribir porque siento que cualquier desliz en el léxico o en el enfoque puede acabar resultando nefario. Es algo que ha sido tan comúnmente utilizado en los últimos años por tránsfobos y terfas para intentar desactivar lo trans que es normal que entre nosotros se haya instalado un estado de alerta constante. Un medir las palabras y cuidar qué se verbaliza en esta era en la que cualquier cosa que digas podrá ser utilizada en tu contra.

En este contexto, un título como el de “Detransition, Baby” solo puede ser entendido como un collejón sonoro y magnánimo. Porque, al fin y al cabo, es imposible no leerlo como una incitación a la detransición, como una forma de quitar hierro al asunto zanjada con ese “baby” que resulta chulesco, intrascendente, casi divertido. “Detransiciona, tía, que no pasa nada” podría ser una traducción del título al castellano.

De hecho, ahora que he acabado el libro y lo he cerrado en su última página, ahora que ya he superado las reticencias y se han disipado los temores, no podría parecerme un título más pluscuamperfecto. Porque lo que Peters hace en esta novela es precisamente plantear una ficción cuya voz ignore la presencia de esos “enemigos” de la comunidad LGTBIQ+. Es por eso por lo que es un libro de una importancia tan crucial.

En un mundo literario empeñado en la repetición y el reciclaje de las mismas ideas, ideas infalibles, ideas que funcionan, ideas que son inofensivas porque solo siendo inofensivo se puede medrar en el mercado del capitalismo, Torrey Peters se arriesga a explicar lo nunca explicado antes. El suyo es un arrojo que no se achanta a la hora de adentrarse en los claroscuros de dos temáticas (feminidad y maternidad) que se sienten incluso peligrosas, pero que precisamente por eso son tan necesarias.

Detransition, Baby, de Torrey Peters (Levanta Fuego)

Y es que “Detransition, Baby” se atreve a retratar lo nunca visto. O, mejor dicho, lo nunca leído. O, por lo menos, yo nunca he leído ningún libro que trate de tres mujeres que forjan una familia fuera de la norma para afrontar la maternidad de forma compartida. Cada una de ellas, de hecho, tiene una relación distinta con la maternidad aunque las tres son mujeres queer.

Desde el principio, la apuesta de Peters se siente fuerte, sólida, sin concesiones ni intención de hacer hacer amigos. Tampoco hay aquí intención de evangelizar a los no iniciados: si quieres evengelización, búscala en otro sitio, porque a esta novela hay que llegar con los deberes hechos y, sobre todo, sin actos de fe. Con la mente abierta y con tus certidumbres listas para ser desafiadas y, más que probablemente, vapuleadas. El primer ejemplo del ataque frontal que supone “Detransition, Baby” es el uso de un lenguaje queer que nunca se contextualiza ni se sobreexplica, sino que se usa con naturalidad sin que nadie (los personajes) ni nada (la trama) se fuerce a explicaciones que nadie ha pedido.

Pero, sin lugar a dudas, el mejor ejemplo de lo dicho es el arranque del libro, donde conocemos a las dos protagonistas trans en sus propios términos, a partir de su propia mirada, capitaneando sus propias historias. Reese es una mujer trans con expresión femenina de género obsesionada con ser madre porque, realmente, tiene un don con los críos. Amy, por su parte, es una mujer trans cuya identidad femenina no se ve para nada amenazada por su expresión masculina de género.

De hecho, Amy detransicionó tras acabarse su relación con Reese y, en el presente, no solo su expresión de género es masculina, sino que oculta su identidad femenina y su pasado e incluso se hace llamar Ames. No solo eso: Ames ha dejado preñada a su jefa, Katrina, que es una mujer cis asiático-estadounidense además del tercer vértice de este triángulo. Lo interesante es que a Katrina no la conocemos en sus propios términos ni a partir de su propia mirada, sino que accedemos a ella a través de la mirada de las otras dos mujeres trans.

Queda claro, entonces, de qué lado está Torrey Peters. Es precisamente este posicionamiento el que le permite explorar una realidad complicada por el componente de ambigüedad moral que la envuelve. Pero es que, más que probablemente, esta sea la única forma de aproximarse a esta realidad: huyendo de los clichés tanto del buen queer como del queer malvado. Habitando los claroscuros por mucho que estos impregnen una cuestión tan compleja como la detransición. Repito: yo mismo abrí esta novela con el temor de que pudiera ser un arma más en manos del enemigo… pero pronto encontré a una autora capaz de abordar las luces de esta cuestión desde el cariño y las sombras desde la responsabilidad.

Cariño infinito supuran episodios preciosos como el primer encuentro de Reese y Amy, la visita de Katrina y Reese a una tienda de bebés o esa tarde de Reese con las amigas de Katrina que le hace sentir tan bien, tan mujer. Pero el cariño no solo está en lo fácil, sino sobre todo en decisiones tan difíciles como plasmar la disociación de Amy al perder la virginidad como hombre que se excita pensando que es la mujer a la que está penetrando o, de nuevo del lado de Amy, acompañarla en su primera visita a una tienda de ropa femenina para hombres donde se siente habitar una luz que le es arrebatada por la mirada ajena.

Del lado de la responsabilidad está la dureza con la que Torrey Peters retrata a una comunidad trans de personas heridas que no pueden evitar hacerse daño las unas a las otras. Un retrato que la autora ejemplifica a través de la noticia de los jóvenes elefantes que dañan, vandalizan e incluso asesinan a su propia comunidad impulsados por el dolor y el sufrimiento que supone haber crecido sin padres y madres que han sido asesinados ante sus propios ojos.

El paralelismo con la comunidad trans es evidente, pero la autora no se detiene ahí y sigue haciendo leña del árbol caído al chotearse de la tendencia al autodiganóstico de las personas queer o del miedo al lenguaje que no solo nos inculcamos a nosotros mismos dentro del colectivo, sino que también acabamos inculcando a peronsas ajenas a este. El objetivo de Peters es, sin duda, sacar al lector queer de su zona de confort. Y su mejor arma a esta respecto es poner en tela de juicio los conceptos clásicos de mujer y maternidad.

Detransition, Baby, de Torrey Peters (Levanta Fuego)

Es en esta voluntad de sacar al lector queer de su zona de confort donde Peters también sobrepasa lindes incómodos pero necesarios. Al fin y al cabo, dentro de la propia comunidad LGTBIQ+ estamos demasiado acostumbrades a movernos con comodidad dentro de los límites que hemos establecido nosotres mismes a través de una lucha constante. Esa misma lucha es la que nos lleva constantemente a posicionarnos al lado de la persona queer, sin pensarlo dos veces, dando por supuesto que esta es la que siempre va a estar en desventaja.

Es por eso mismo por lo que resulta tan refrescante que la autora, de repente, cuestione nuestras alianzas como lectores. Porque es inevitable alinearse inmediatmente del lado de Reese y Amy, pero Katrina se conviernte en la verdadera revelación cuando para los pies de los victimismos de las mujeres trans que la atacan constantemente por ser cis, como si ser cis te allanara el camino de la vida, y les recuerda que su existencia como persona oriental-estadounidense también la ha relegado a vivir en unos márgenes donde se ha visto tocada por el sufrimiento extremo de un aborto que es el origen de su problemática relación con la maternidad.

Dicho de otra forma: la novela recuerda que las mujeres trans no tiene exclusividad sobre el sufrimiento en lo relativo a ser madres… Sonora colleja sobre maternidad. Lo mismo ocurre constantemente en la novela al respecto de la feminidad trans, que es planteada en unos claroscuros que no apartan la mirada en los momentos más incómodos, como cuando el hombre sale de dentro de Amy en una pelea física que le hará tocar fondo. Mujer y maternidad son los dos grandes ejes de “Detransition, Baby“. Dos ejes íntimamente ligados en un momento en el que ese nexo de unión es precisamente el arma arrojadiza de las TERFs: “mujer es la que pare” es su absurda consigna, ¿no?

Aquí tenemos a tres mujeres queer diferentes: una mujer trans que quiere parir pero no puede; una mujer trans que fluye entre géneros, que no puede asegurar que en el futuro sea madre o padre, pero que quiere tener un hijo con la mujer que ama para criarlo en una familia queer, fuera del canon, porque solo así es capaz de visualizarse en el futuro de la criatura; y una mujer cis que descubre que parte de su infelicidad le viene de un heteropatriarcado que no le representa y que encuentra en la familia queer elegida una forma perfecta de asegurar los afectos futuros de la criatura por mucho que ella quiera seguir volcándose en su carrera.

Torrey Peters no ofrece respuestas ni soluciones. Y, de hecho, el libro se cierra sin responder a una cuestión que se pone sobre la mesa al principio de todo a través de una analogía con “Sexo en Nueva York”. Porque, según Reese, cada generación de mujeres se enfrenta a una elección entre tan solo cuatro opciones representadas en cada uno de los personajes de esta serie: puedes basar tu vida en tu carrera (Samantha), en la maternidad (Miranda), en la pareja (Charlotte) o en el arte (Carrie)…

¿Puede ser la maternidad compartida que plantean las tres protagonistas de esta novela una nueva opción, la creación de una o varias nuevas oportunidades lejos de los roles tradicionales de la mujer en el heteropatriarcado? ¿Es necesario que la apertura de esta nueva vía les cause a las tres tanto sufrimiento? Nunca lo sabremos porque, tal y como digo, no está entre las prioridades de Peters ofrecer respuesta alguna. Y ahí está precisamente la belleza brutal de “Detransition, Baby”.

Sinceramente,

Raül De Tena

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Sobre el autor

Raül De Tena

Al ponerme a escribir esta bio me he dado cuenta de que, así, a lo tonto y como quien no quiere la cosa, llevo más de veinte años escribiendo sobre temas relacionados con la música, la moda, el cine, la literatura, la cultura en general. Siempre he escrito muy sinceramente... Pero, ahora, más todavía.

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