“Mamma Mia!”: Por qué Konrad y Paul siguen siendo mucho más que necesarios

“Mamma Mia!” es una nueva aventura de Konrad y Paul en tiempos de pandemia y de nostalgia… Pero también es una dulce constatación de que esta serie de Ralf König sigue siendo más necesaria que nunca.

Hace poquito, la editorial La Cúpula publicaba en nuestro país “Mamma Mia!, el nuevo cómic de Ralf König en el que el autor alemán recupera dos de sus personajes más icónicos: los (gracias a la Diosa) eternos Konrad y Paul. Y aquí se impone explicar que últimamente me ha dado por hacer algo interesante: justo antes de ponerme con el nuevo cómic de un autor que me gusta, siempre me leo alguna de sus obras anteriores para ir preparando el terreno y refrescar la memoria. También es una forma de ir releyendo obras que hace mucho tiempo que disfruté y que a lo mejor ya casi no recuerdo. Pero esa es otra historia…

Lo que viene a cuento aquí es que, si además resulta que hay alguna obra anterior del autor que no haya leído y a la que le tenga especial ganas, me lanzo de cabeza. Sorprendentemente, al repasar la sub-sección sobre Konrad y Paul dentro de la macro-sección (realmente gigantesca) de mi biblioteca dedicada a König, me di cuenta de que había un cómic que no tenía y al que hacía tiempo que le había echado el ojo: “El Libro Gordo de Konrad y Paul”, también editado por La Cúpula en nuestro país aunque en el ya lejano año 2012.

Así que me lo compré… y, desde las primeras páginas, entendí algo que me había pasado por alto igual que pasamos por alto las virtudes de esas personas que llevan mucho tiempo, posiblemente décadas, a nuestro lado. Damos tan por sentada su valía que, de hecho, no la valoramos en su merecido esplendor. Lo mismo ocurre con “Konrad y Paul”: tanto nos hemos acostumbrado a que, de vez en cuando, König deje caer una de sus aventuras y a que estas nos alegren la vida a base de un espejo humorístico en el que vernos reflejados, que parecemos haber olvidado que estos personajes no solo son divertidos… Son tremenda necesarios para la comunidad maricona. Hoy más que nunca.

Tengo que reconocer que, antes de leer “El Libro Gordo de Konrad y Paul”, para mí Konrad y Paul eran los Konrad y Paul de sus últimas aventuras. Con esto quiero decir que estoy acostumbrado a los tomos que avanzan en un doble sentido: a través de arcos argumentales autoconclusivos (la visceral atracción de Paul por la testosterona de cierto inmigrante español en “Huevos de Toro“, por ejemplo) que, a su vez, son una excusa para ver cómo Konrad y Paul se enfrentan a las vicisitudes de las diferentes edades del envejecimiento homosexual (la persecución de la carrera literaria sci-fi de Paul en “Barry Kojonen“, por poner otro ejemplo).

A la vez que “El Libro Gordo de Konrad y Paul” realiza un sublime retrato maricón de los años 80s y 90s, también destapa los orígenes de estos dos personajes como pareja homosexual prototípica en la que dos contrarios absolutos se complementan de forma pluscuamperfecta: Konrad, el culto y estirado (incluso físicamente), sibarita y delicado, siempre avergonzado por el escaso refinamiento de su novio; Paul, de instintos primarios, sencillo y orgulloso de serlo, hipersexual hasta niveles extremos, de gustos populares y siempre crítico con la zona de confort de su pareja.

Claro que son una pareja abierta, y no pasa nada. Claro que follan poco, y no pasa nada. Claro que tienen sus problemas, y no pasa nada. Porque lo que importa es que cada uno aporta a la vida del otro lo que a esta le falta. Paul da a Konrad la naturalidad de lo sencillo (como esa tira en la que el primero anima al segundo a estirarse a tomar el primer sol de la primavera y ambos tienen una erección). Konrad da a Paul una seguridad que le ancla (como esa tira en la que el primero vuelve a casa después de un contacto sexual de riesgo y, en silencio, se abraza al cuerpo dormido de su amado).

Konrad y Paul juntos son amor, y eso es lo que importa por encima de cualquier preconcepción parejil que nos haya venido impuesta por el heteropatriarcado más rancio. En “El Libro Gordo de Konrad y Paul” ya hay una tira en la que Paul llega a casa ultra borracho después del Carnaval y no para de explicarle a Konrad que, pese a que no se ajuste en nada a su ideal de hombre, es “su hombre”. Y esto, que parece una chorrada, es la forma valiosísima en la que, ya hace más de 30 años, König estaba hablando de cómo la pareja maricona se construye en sus propios términos, por mucho que estos términos sean extraterrestres para los heteros.

Desde aquellas primeras tiras, que no atendían a un arco argumental mayor sino que eran autoconclusivas en la tradición de la prensa clásica, Ralf König ya estaba dibujando el retrato hiperrealista pero hipercachondo (porque una cosa no está reñida con la otra) de los principales arquetipos del mundo maricón. Aquí constan desde la ex todavía enamorada hasta los padres que aparentemente aceptan que su hijo sea gay pero que siguen albergando esperanzas de que tan solo sea una fase. Y, sobre todo, aquí están todos esos amigotes que abrazan lo ridículo y los sinsentidos de la escena maricona.

Desde aquella época en la que tanto nos esforzábamos en aparentar una normalidad que era el precio a pagar para la normalización por parte del heteropatriarcado, esta capacidad de König para capturar los sinsentidos de la escena maricona es lo que hace que esta serie de cómics sobre Konrad y Paul siga siendo una obra viva. Vivísima. Una tira en la que, en los bares de gays de los 80, Paul y un amigo desprecian a la marabunta de maricones performando machirulos podría estar perfectamente ambienta en el año 2026. Igual ocurre con esa otra viñeta en la que Paul critica las aspiraciones al matrimonio gay porque lo que deberíamos hacer es luchar por abolir la institución del matrimonio.

Aunque, si por algo destaca “El Libro Gordo de Konrad y Paul”, es precisamente por ser un emotivo testimonio de la epidemia del sida vista desde un realismo descarnado. Desde unas contagiosas ganas de vivir que dejan constancia de que, incluso ante la mayor de las adversidades, la comunidad LGTBIQ+ se arma para la defensa y la lucha, pero sobre todo para el apoyo mutuo. Algo que no cambia pasen los años que pasen.

Curiosamente, “Mamma Mia!” también está atravesado por una pandemia… Llegados a este punto, la serie de Ralf König ya hace tiempo que abandonó el formato de tira cómica auto-episódica para abrazar arcos argumentales más extensos y complejos. Eso hace que, visto en perspectiva, Konrad y Paul hayan perdido cierta sensación de pildorazo de esa clarividencia elocuente que te atraviesa y te deja pensando… Pero, cuidado, porque esto solo ocurre en apariencia. En realidad, esta serie sigue siendo el mejor vehículo del autor alemán para retratar el presente perfecto de la comunidad gay.

Porque “Mamma Mia!” es un retrato súper certero de los maricas maduritos en tiempos de la pandemia de la Covid 19. El cómic arranca, de hecho, con la excusa perfecta: el regreso de ABBA hace que Paul ande como loco con ese tipo de chute de nostalgia que te hace sentir viejo a la vez que te proporciona una alegría genuina que irremediablemente te conecta con tu yo joven.

Así funcionamos todos en este mundo de la retromanía, y más todavía en aquel contexto de incertidumbre que fue la Covid, que aquí queda representada en la constante acumulación de noticias agoreras, en los personajes anti-vacunas, en los miedos constantes y ligeramente hipicondríacos de Konrad… Y, sobre todo, en esa tronchante fiesta de 50 Aniversario en la que el miedo inicial (todos apilados en el balcón) da paso al despendole inevitable. Todos vivimos alguna de esas, claro.

Pero Ralf König siempre va de lo general a lo concreto. Aquí lo general sería la melancolía como herramienta para superar la pandemia (igual que, en sus inicios, la alegría de vivir maricona era la herramienta para superar el miedo al sida). Y lo concreto se divide en dos tramas que son, a su vez, dos sub-retratos tremendamente necesarios.

Por un lado, la obsesión de Paul con Arrumacoso pone un espejo no solo frente a la hipersexualidad que sigue dirigiendo la entrepierna de unos maricones maduros a los que no se les acaba la cuerda y que siguen enarbolando el sexo como uno de sus principales rasgos identitarios. Un espejo que también refleja cómo el kink y el fetiche, tan integrados en la vida de Paul, han derivado en las nuevas generaciones hacia prácticas incomprensibles para los viejos: ¿un tipo buenorrísimo que solo quiere freudianos arrumacos con un osito? ¿Por qué no? Sobre todo, cuando se resuelve de forma tan hilarante como aquí. Y hasta aquí puedo leer, que no quiero caer en spoilers.

Por otro lado, hacia el final del cómic, König da un sorprendente volantazo que el mismo autor justifica en el epílogo al explicar que vino motivado porque muchas lectoras tienden a percibir a Konrad como un mártir que ha de “soportar” las continuas “infidelidades” de Paul. (¿Se puede malinterpretar más esta serie? Pero bueno…) Es por esto por lo que, al igual que la Covid puso a prueba a muchas parejas, Konrad y Paul pasan por una crisis que les obliga a definir una vez más qué es la fidelidad para ellos.

Como ya ha quedado afirmado más arriba, esta serie siempre fue de reivindicar el concepto de pareja maricona que pone sus propias reglas priorizando el equilibrio por encima de cualquier preconcepción heteronormativa (y, cada vez más, también homonormativa). El mismo Konrad afirma en estas páginas que “A los dos nos parece una exigencia excesiva esperar que la pareja cubra todas las necesidades vitales”. Así que es normal que, finalmente, ambos sucumban a lo evidente: que no están juntos por inercia ni por comodidad, sino porque se quieren por encima de cualquier presunta infidelidad, falta de sexo o aventura emocional.

Por todo esto que se despliega en “Mamma Mia!”, Konrad y Paul siguen siendo relevantes y necesarios en pleno 2026. Pero, sobre todo, por la capacidad de König para sintetizar todo estas ideas en tiras pluscuamperfectas como esa en la que, al final de todo, y en medio de las mencionadas discusiones, Paul se levanta la camiseta como siempre hace cuando está tumbado en el sofá junto a Konrad para que este le rasque la barriguita. Y Konrad lo hace, claro. Pero también se abre la camisa para que Paul le rasque la barriguita a él también. ¿Existe una forma más dulce de plasmar la igualdad en la pareja?

Sinceramente,

Raül De Tena

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Sobre el autor

Raül De Tena

Al ponerme a escribir esta bio me he dado cuenta de que, así, a lo tonto y como quien no quiere la cosa, llevo más de veinte años escribiendo sobre temas relacionados con la música, la moda, el cine, la literatura, la cultura en general. Siempre he escrito muy sinceramente... Pero, ahora, más todavía.

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